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¿QUE KARATE NOS ENSEÑAN?
Por Juan Beltrán Rodríguez CN 3er DAN
Siempre se nos ha dicho que el Karate es un arte marcial, algo más un deporte,
un sistema para la defensa personal y por lo tanto para el combate. En muchos
dojos y gimnasios encontramos publicidad la cual nos dice que nos enseñarán a
defendernos si practicamos Karate. La gente ajena a las artes marciales piensa
que un practicante de Karate es alguien hábil en la pelea. Algo que dista mucho
de la realidad del Karate actual.
Sin embargo, esa opinión no la
tienen la mayoría de los practicantes de otras artes marciales, y sobre sobre
todo los practicantes de deportes de contacto. Para este último colectivo, los
karatekas nos pasamos el tiempo entrenando algo que no tiene utilidad real.
Siendo como es el Karate un arte marcial, y por tanto útil para la guerra, cómo
es posible que la mayoría de sus practicantes seamos incapaces de utilizar las
técnicas que tantas horas hemos entrenado.
Muchas veces he oído decir que el
Kihon, la práctica de la técnica fundamental de forma individual, es la base
del Karate. Sin embargo, se puede observar que la enseñanza de la mayoría de
los profesores, día tras día, año tras año, se queda en eso, un trabajo
fundamental, básico y sobre todo de forma individual, que no busca la
funcionalidad del Karate sino la corrección técnica respecto a unas normas
establecidas que en muchas ocasiones están diseñadas para un físico muy específico.
Entiendo y comparto la afirmación de
que el Kihon es la base del Karate. Como en cualquier otra actividad física,
tener una técnica correcta tiene muchas más ventajas que inconvenientes. Sin
embargo, es algo generalizado entre la mayoría de los karatekas, y sobre todo
entre los profesores, el preocuparse casi exclusivamente de los aspectos técnicos
del Kihon. Cuando este trabajo es la base del arte marcial, los cimientos sobre
los que se sustenta el Karate y sobre los que debemos construir para
evolucionar.
Otra de las afirmaciones que solemos escuchar es
que el Kihon es importante para poder realizar correctamente los katas. Hasta
cierto punto es verdad, pero se sigue con el mismo enfoque, en vez de analizar
el kata como un compendio de utilidades para el combate, nos fijamos en que la técnica
sea perfecta y estética. Los katas son resúmenes de técnicas y estrategias
que tenían determinados maestros antiguos como su sistema de combate, así que
es desconcertante que muchos practicantes ni siquiera hallan oído hablar de la
palabra bunkai -el análisis del contenido de los katas- y la mayoría de los
profesores no conocen, ni se molestan en buscar, la aplicación de esos
supuestos “combates imaginarios” que tantas veces han practicado y enseñado.
Existen también profesores que conociendo los bunkai, ni los enseñan ni los
practican, perdiéndose de esta manera dicha información.
¿Qué enfoque tienen las clases para
que practicantes con años de experiencia no sepan aplicar las técnicas que se
enseñan? ¿Cómo se puede enseñar algo sin saber cuál es su uso ni en que
circunstancias funciona? ¿Porqué los practicantes de Karate no se molestan en
probar sus técnicas ante un compañero de entrenamiento? La respuesta es clara,
la forma de enseñar Karate no es la correcta. Se enseña para que se vea bonito
y estético, no para que sea efectivo.
Podemos comparar a un practicante de
cualquier deporte de contacto con un karateka, ambos con la misma antigüedad de
práctica y seguramente quedaríamos tristemente sorprendidos. En un par de años,
cualquier practicante de Kick Boxing o Muai Thai puede utilizar sus técnicas,
en cambio, los karatekas, por desgracia, somos incapaces de aplicar nuestro
sistema de combate.
Otra buena comparación que se puede realizar, es entre un competidor de élite, “supuestamente” los mejores representantes del Karate, y los maestros de Karate okinawenses. Se puede ver claramente como los competidores basan su entrenamiento en la estética del movimiento, mientras que un kata realizado por un verdadero maestro de Karate refleja una lucha y un combate contra un adversario real, basado en la eficacia del movimiento y sacando el máximo partido a sus características físicas y técnicas.
He tenido la oportunidad de participar en discusiones sobre la conveniencia y la
funcionalidad de los katas para el combate. Esta claro, que buscando la estética
y la corrección de la técnica, jamás un practicante de Karate aprenderá a
utilizarlos. El kata, es un sistema de combate codificado por un experto, con
las técnicas y estrategias que conocía, y que según su experiencia
funcionaban para defenderse. Es en este punto donde debemos cambiar el concepto
que tenemos de los katas, se debe analizar el contenido del kata, buscando el
sentido práctico tanto de sus técnicas, como giros, desplazamientos, etc.
Debemos analizar -significado del vocablo japonés bunkai- el kata como sistema
de combate no como una danza regional okinawense.
Hay que examinar el contenido de las
clases que recibimos para ver cuánto practicamos y con qué intensidad se
trabaja con un compañero en clase. Ver porqué nos pasamos semanas enteras sin
probar lo que entrenamos al aire, sin analizar el contenido de los katas. La
principal razón es por desconocimiento por parte de los profesores. La mayor
parte de este colectivo desconoce el bunkai de los katas y lo peor de todo es no
se molestan en intentar averiguar como funcionan los movimientos que tantas
veces explican.
Hay otro efecto de este enfoque del
Karate, el estancamiento en su evolución como karatekas que sufren muchos de
los grados altos. Al no tener un maestro con conocimientos que les guíe, los
practicantes con años de experiencia caen en el aburrimiento y en el tedio, al
repetir constantemente los mismo ejercicios codificados pero sin profundizar en
ellos. Se puede comprobar fácilmente cuantos practicantes después de ocho o
diez años de entrenamiento acaban dejando la práctica del Karate, ya que el
contenido de las clases ha dejado de interesarles y se repite constantemente,
buscando una corrección técnica que si después de años de intentarlo no se
ha adquirido, no se va a conseguir por más que se entrene.
Muchos dirán que son capaces de combatir, pero si analizamos lo que hacemos en
los gimnasios, nuestra forma de hacer combate es según las normas de la
competición, utilizando técnicas y tácticas que sólo valen para la competición
y que distan mucho de lo que es válido para la defensa personal y lo que dicen
las técnicas y secuencias de los katas. Pocos karatekas hay que verdaderamente
apliquen las técnicas de Karate y los katas al combatir, la mayoría están más
cerca de la competición o de los deportes de contacto.
Es un asusto importante, ya que al
final el Karate que se practica en la mayoría de los dojos parece más una
danza regional japonesa, basada en la estética y en la belleza de los
movimientos, que un arte marcial basado en la efectividad de sus técnicas. Algo
contradictorio ya que siendo un arte marcial, debería ser útil para la defensa
personal.
En vez de desarrollar y analizar el
trabajo de aplicación que tenemos en Karate, nos hemos vuelto recopiladores de
información. Sabemos un gran número de katas, pero no profundizamos en
ninguno. Me pregunto si habría que volver a la enseñanza de tres años por
kata o como decía Kentsu Yabu realizarlo 10.000 veces al año.
¿Cómo es posible que después de
estar años realizando Shuto Uke o Pinan Nidan no seamos capaces de utilizarlo?
Juan Beltrán Rodríguez
© Copyright Jaime Santa María Bilbao - 2001